sobre jumber y sus márgenes

P. ¿Qué le preocupa del porvenir?

R. La memoria. Están desapareciendo los testigos del exterminio. Bueno, cada generación tiene un crepúsculo de esas características. Los testigos desaparecen. Pero ahora me está tocando vivirlo a mí. Aún hay más viejos que yo que han pasado por la experiencia de los campos. Pero no todos son escritores, claro. En el crepúsculo la memoria se hace más tensa, pero también está más sujeta a las deformaciones. Luego hay algo… ¿Sabe usted qué es lo más importante de haber pasado por un campo? ¿Sabe usted qué es exactamente? ¿Sabe usted que eso, que es lo más importante y lo más terrible, es lo único que no se puede explicar? El olor a carne quemada. ¿Qué haces con el recuerdo del olor a carne quemada? Para esas circunstancias está, precisamente, la literatura. ¿Pero cómo hablas de eso? ¿Comparas? ¿La obscenidad de la comparación? ¿Dices, por ejemplo, que huele como a pollo quemado? ¿O intentas una reconstrucción minuciosa de las circunstancias generales del recuerdo, dando vueltas en torno al olor, vueltas y más vueltas, sin encararlo? Yo tengo dentro de mi cabeza, vivo, el olor más importante de un campo de concentración. Y no puedo explicarlo. Y ese olor se va a ir conmigo como ya se ha ido con otros.

Extracto de la entrevista de Arcadi Espada a Jorge Semprún publicada en el diario El País el 19/08/2000, y recordada esta semana por  Antonio Muñoz Molina.

Porra #22M

Esta vez no habrá porra en el blog. Me he adherido, eso sí, a la porra de Politikon.es, y os animo a participar a todos los que tenéis por costumbre entreteneros conmigo en estas cosas.

Feliz jornada electoral a todos. A los que vayáis a votar, a los que no, y a los que pensáis votar pero no LES vais a votar.

Rojo. Blanco. Negro.

Los veteranos del lugar los llaman recortes. Otros muchos ya se han acostumbrado a decir copiapegas. Pero vienen a ser lo mismo, retazos de información urgente para una mañana de sábado que entresaco al tuntún. Crónicas apresuradas de una Revolución que se escribe con letras lejanas y mayúsculas. Análisis superficiales, recortes, voces y otros documentos que trato de interpretar, sobre las que hago mis propias anotaciones, mientras finjo una inquietud intelectual que estoy muy lejos de sentir, aperezado por esta luz invernal, apacible, madrileña, domesticada por la nube de relatividad, partículas y polución que nos protege.

El ejército de Egipto está considerado una de las diez fuerzas militares más fuertes de todo el mundo. La gran baza del poderío militar en Egipto ha sido Estados Unidos, que contribuye al presupuesto con 1.300 millones de dólares (950 millones de euros) anuales al Ejército, convirtiéndose en la segunda potencia mundial, después de Israel, que recibe más apoyo económico por parte del país norteamericano, según datos de la agencia Reuters que transcribe El País.

La caída del Rais ha sido celebrada por Estados Unidos y Europa con una rotundidad in extremis, sobre la hora, equivalente a la tibieza y la cautela con la que se ha seguido el proceso en lo que damos en llamar el mundo occidental, antes de apresurarnos a redefinir al saliente Mubarak, etiquetado  de repente y con escándado como aquel tirano, como ese dictador.

El ejército asume temporalmente el poder, bajo la promesa de una transición pacífica hacia una sociedad democrática.

Pacífica podría querer decir ordenada y sin sobresaltos, según la han definido ya EEUU e Israel, en un meandro exquisito de sinónimos que sortea conceptualmente la tutela. Con democrática no sabemos bien a lo que queremos referirnos, tal vez sigamos sirviéndonos de esquemas validados a lo largo de nuestra historia, a lo ancho de nuestro entorno, de mapas que limitan al levante por el caos y al poniente por el integrismo religioso. O tal vez no. Quizás, tal vez, estemos balbuciendo por primera vez lo que aún no sabemos nombrar y sólo podemos señalar con el dedo, el impulso de una generación  que desea libertad política, económica, social y religiosa, en un sistema capaz de integrar con igual comodidad a los Hermanos Musulmanes, a los profesionales laicos y al Egipto profundo, rural y analfabeto (Enric González, seguramente).

Tres colores para un estado de júbilo, para las sombras de duda y recelo, para una bofetada imprevista de orgullo y coraje.

El tuitiverso

Infografía de Solis & Jess, via Dolors Reig

Hay una charla del TED por ahí, bastante referenciada desde su publicación la pasada primavera, en la que Simon Sinek le da vueltas a una idea tan sencilla de enunciar como difícil de encajar en nuestra concepción de las cosas:
Todos los grandes líderes alguna vez revolucionaron nuestro entorno, todos los que un día nos inspiraron, lograron encarnar y dar anclaje a las ideas más innovadoras, todos pensaron, nos hablaron y actuaron del mismo modo: de forma completamente opuesta a todos los demás.

Sinek propone varios ejemplos de liderazgo indiscutible (digamos Apple, digamos Martin Luther King, etcétera y etcétera). Según su análisis, lo que les habría distinguido de entre todos los demás y provocado la adhesión más instintiva, fiel y primaria de sus semejantes y contemporáneos fue haber sabido transmitir el porqué de las cosas. En todos los casos en los que una persona, un proyecto, una idea se imponen de manera disruptiva y genial, hay detrás una persona que creía en lo que hacía y tuvo el don y la oportunidad para contarlo.

Hará cosa de once semanas y media, Hernán Casciari pidió un momentín de atención a todos los que le seguimos con indisimulado fervor en lo que quiera que haga. Se aclaró la voz y con el tono pausado y la naturalidad del que se sabe que sujeta por el lado acertado el cordel con el se ata y desata la razón de las cosas, anunció que había dejado de colaborar con todos los medios en los que venía publicando, y que junto con su amigo Chiri Basilis había decidido editar una nueva revista, también titulada Orsai, como su blog.

La clave no es hacer negocio con la gente que quiere lo que uno tiene. El pelotazo, la verdadera cosa, está en la gente que cree en lo mismo que uno.

La revista, concebida con la fuerza que comparten las utopías y los antojos, iba a tener unas 200 páginas, a editarse cada tres meses con la mejor calidad gráfica que se pueda pretender, y a distribuirse en cada rincón de habla hispana del mundo conocido. Sin publicidad ni subvenciones ni otro recurso que su venta a un precio que dependería del nivel de precios en cada país y que se fijaba en 15 PD$ (periódicos de sábado) equivalentes a 16 euros en España.

La revista se distribuiría sin intermediarios a todo librero, distribuidor, lector, ente o cosa simpatizante dispuesto a adquirir un pack de 10 ejemplares. Cualquier otro lector que quisiera hacerse con un ejemplar tendría que contactar directamente con cualquiera de estos distribuidores.

Los pedidos para el primer número podían hacerse hasta el día 10 de diciembre a las 24 horas argentinas. Solamente se editarían los ejemplares solicitados hasta esa fecha, que llegarían a manos de los distribuidores durante la semana primera de enero. No habría reediciones, por lo que a partir de entonces la revista sólo podría encontrarse en las librerías o domicilios particulares que se hubieran abastecido previamente.

En palabras de Hernán, “La revista Orsai contará, en cada número, con escritores, periodistas, ilustradores, fotógrafos y dibujantes que le gusten muchísimo a Hernán Casciari y a Chiri Basilis. Nuestra obsesión, de ahora en más, es demostrar que no hay crisis editorial ni económica, sino moral. Lo que hay son medios tradicionales que piensan nada más que en el dinero y se cagan en el lector, lo arrinconan y lo vician de mentiras y de engaños. Nuestro antojo es un medio de comunicación humano, honesto, de una transparencia obscena, un medio gráfico que den ganas de recibir por abajo de la puerta, pero ganas en serio. Como recibíamos en los ochenta y los noventa las revistas que nos gustaban”.

No voy a mentir. No tenía ni idea de lo que estaban hablando. Hice mi pedido de 10 ejemplares (20% de descuento), y me senté a esperar, con un rotulador negro y un calendario con 30 días en blanco.

En la madrugada antepasada terminó el plazo de reservas. Se editarán 10.080 ejemplares, la mayoría para España y Argentina. Uno será para mí, otro para el barbas. Tres o cuatro más tienen ya destino determinado, en forma de regalo de Navidad postergado. El resto los guardé pensando en vosotros, cualquier interesado que haya llegado hasta aquí sabe de sobra cómo contactar conmigo.

Los hombres del norte

En sus tiempos de estudiante de Cambrigde, había oido decir a un experto en la materia que el catolicismo de la contrarreforma había sido una rebelión del cristianismo meridional de los sentidos contra el cristianismo cerebral que propugnaban los hombres del norte. En España se había impuesto un cristianismo de vírgenes bellas, con los ojos negros y los labios rojos abiertos en expresión de carnal dramatismo. El Cristo de los creyentes era el Cristo de los evangelios: un hombre mediterráneo que vive comiendo, bebiendo, charlando con los amigos y relacionándose con las mujeres, y que muere padeciendo tormentos físicos; y cuyas ideas van del bien al mal, del placer al dolor y de la vida a la muerte, sin sombra de dudas metafísicas ni razonamientos ambiguos. Aquélla era una religión de colores y olores, ropas vistosas, romerías, aguardiente, flores y canciones. En su momento, a Anthony, descreído por carácter y convicción, positivista por educación y receloso del menor atisbo de misticismo o sortilegio, la explicación le había parecido satisfactoria pero irrelevante.

Eduardo Mendoza
Riña de gatos. Madrid 1936
Planeta, 2010

Aunque no he seguido apenas la campaña, esta mañana he conseguido emplear buena parte de mi tiempo en perderlo en las cosas que me gustan. Con ayuda de las encuestas publicadas durante la primera parte de la campaña y unos rudimentarios cálculos en excel muy pedestres que avergonzarían al señor d’Hont, he esbozado mi particular pronóstico para las elecciones catalanas de mañana.

Mi apuesta sobre el reparto de los 135 butacones del Parlament es la siguiente:

  • CiU: Calculo que rozará la mayoría absoluta, entre los 62 y los 68 escaños -68 le darían la mayoría absoluta-. Yo apuesto por 66.
  • PSC: Según mis cálculos, no bajarán de 29 y podrían llegar a 33. Mi apuesta es por los 31 escaños.
  • PP: Debería moverse entre los 12 y los 13 escaños. Yo digo que 13.
  • ERC: Andará entre los 10 y los 13, y yo pienso que se quedará en 11.
  • ICV-EUiA: Entre 9 y 10, dependiendo de un escaño por Barcelona que yo creo que se llevará. Es decir, 10.
  • C’s: 3 escaños sí o sí.
  • SC: Entre 1 y 2 escaños, siempre por Barcelona. Pienso que se quedará en 1. Mojará, en todo caso.

La verdad es que estas elecciones me gustan especialmente por dos motivos: por la gran cantidad de opciones políticas con opciones y las posibilidades que abren, y porque como madrileño no me afectan en absoluto. Eso, aunque alguno de los candidatos cuente con todo mi respeto y simpatía, y siempre me vayan a parecer pocos los escaños que le estimo -nótese, por piedad, el burdo pero esforzado juego de palabras entre las diferentes acepciones del verbo estimar en castellano y catalán-.

En cuanto a la dificultad de las predicciones y el amplio abanico de posibilidades, la verdad es que podemos tener  bofetadas por los últimos 4 escaños de Barcelona, y supongo que nadie dará los resultados por confiables hasta muy, muy avanzado el escrutinio.

Mi pronóstico, detallado por provincias, es el siguiente:

Partido Barcelona Girona Lleida Tarragona Total
CiU 38 10 9 9 66
PSC 21 3 3 4 31
ERC 5 2 2 2 11
PP 9 1 1 2 13
ICV 8 1 0 1 10
C’s 3 0 0 0 3
SCI 1 0 0 0 1
Total 85 17 15 18 135

 

Mañana trataré de seguir el escrutinio en twitter: #eleccions.

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